La alimentación en niños y niñas con TEA

La Federación Mundial de Terapeutas Ocupacionales (WFOT) define la Terapia Ocupacional como la disciplina cuyo objetivo general es la promoción de la salud y el bienestar a través de la ocupación (WFOT, 2005). De acuerdo al Marco de Trabajo para la Práctica de Terapia Ocupacional publicado por la Asociación Americana de Terapia Ocupacional (AOTA), la ocupación se refiere a las actividades de la vida diaria en donde la gente participa; tienen lugar en un contexto y se desempeñan en el tiempo con un propósito.

 

El campo de trabajo del terapeuta ocupacional en la infancia abarca todas aquellas situaciones en que el niño presenta alguna limitación en la participación (AOTA, 1999).

 

Por tanto, el objetivo principal de la intervención del terapeuta ocupacional en este ámbito es que el niño logre el mayor grado de independencia posible y pueda participar en sus ocupaciones diarias (actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, descanso y sueño, educación, juego, ocio y participación social) dentro de un contexto y en un entorno. Además, ofrecerá información y asesoramiento a la familia y/o cuidadores principales.

 

Entre las ocupaciones del niño se encuentra la alimentación.  De todas las actividades básicas de la vida diaria, ésta es la que por mayor tiempo persiste. Es una actividad intrínsecamente motivante y placentera que se realiza de forma rutinaria de 3 a 5 veces al día. Fomenta la comunicación, cohesión y el sentimiento de autonomía, de tal manera que los profesionales que la abordan desempeñan una labor esencial a distintos niveles (motora, afectiva, psicológica, social, etc.). Tiene lugar en muchos entornos y, en la mayor parte de las culturas, es la base de las celebraciones y actos sociales. En el caso de lactantes y niños es una actividad que incluye a los familiares y cuidadores como parte del proceso, de tal manera que la interacción entre el niño y su madre/cuidador principal asegura un equilibrio nutricional así como un procesamiento de experiencias sensoriales y emocionales.

 

Sin embargo, la alimentación puede verse afectada por muchos factores y, en el ámbito de la atención pediátrica, las dificultades en la alimentación son uno de los problemas que se encuentran con mayor frecuencia. Este es el caso de los niños con Trastornos del Espectro Autista (TEA). Aunque la tipología e intensidad de estas dificultades varían mucho de un niño a otro, los problemas con la alimentación requieren una intervención específica para poder revertir el problema lo antes posible. En muchas ocasiones este tipo de dificultades son una fuente de estrés para aquellas familias en las que su hijo presenta dichos problemas, ya que la angustia porque su pequeño tenga una correcta nutrición se junta con la situación de verse todos los días inmersos en una batalla por lograr que coma correctamente.

De manera general, los desórdenes de alimentación en niños con TEA se caracterizan por un patrón de selectividad respecto a los

 

alimentos (rechazan probar comidas nuevas, no aceptan la transición o el cambio de texturas o tienden a eliminar de su dieta alimentos con determinados colores o temperaturas), ingesta compulsiva (como la conducta de pica o la tendencia a comer o beber grandes cantidades de alimentos o líquidos sin mostrar sensación de saciedad)  y/o hábitos pobres y presencia de conductas inadecuadas en los tiempos de comida (tendencia a oler y tocar los alimentos, dificultad para permanecer sentado, uso inadecuado de los cubiertos, inflexibilidad a cambios ambientales y necesidad de que las rutinas y el entorno se mantengan estables, etc.). Además, muchos de estos niños muestran un patrón de hipersensibilidad que les hacer ser extremadamente sensibles a determinadas características de los alimentos (textura, temperatura e incluso color) y/o un patrón de hiposensibilidad que les hace tener dificultades en el registro e integración de diferentes estímulos (no notan cuando tienen la cara manchada, problemas en el manejo del alimento, etc.). Las dificultades sensoriales no son extrapolables a todos los sistemas sensoriales ni responden siempre de la misma manera. La respuesta no es constante, es decir, presenta fluctuaciones, mostrando patrones diferentes en distintos momentos.

 

Para comenzar a abordar todas las dificultades previamente mencionadas, es recomendable  que los tiempos de comida sean agradables y libres de ansiedad, de manera que no se conciba de manera negativa toda la situación de comida (tanto por parte de los padres como por la del niño). Las condiciones ambientales deben ser óptimas, asegurando un entorno controlado y sin excesiva carga estimular. Además, es importante crear unas rutinas fijas y hábitos alimenticios que ayuden al niño a anticipar lo que va a ocurrir y que le permitan conocer qué es lo que se espera de él (aunque progresivamente se irán modificando las condiciones y variando el entorno, se puede empezar por hacer una agenda con el menú, sentarse en el mismo lugar, llevar el plato vacío al fregadero y tirar la servilleta, etc.). El objetivo final será que el niño coma adecuadamente en distintos lugares y con distintas personas.

 

Una de las estrategias más utilizadas en la terapia de alimentación con personas con TEA son los apoyos visuales. El niño debe conocer qué comida se le va a ofrecer (primer plato, segundo y postre), en caso de acordar una recompensa, conocer qué premio recibirá por terminarla y estar al corriente de la actividad que se llevará a cabo después de la comida (siempre debe ser algo gratificante y atractivo). Es importante servirle la comida en el mismo orden en el que se muestra la agenda y el tiempo de comida siempre debe finalizar mostrando el plato vacío, por lo que se debe ajustar la cantidad de alimento al apetito habitual del pequeño e intentar que coma la cantidad esperable. No se recomienda “engañarle” mezclando distintas comidas (partir de sus gustos y preferencias e ir introduciendo pequeñas variaciones), presentar la misma una y otra vez en distintos momentos del día y en días sucesivos hasta que lo acepte, ni forzar físicamente al niño.

 

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BIBLIOGRAFÍA

1. Clasificación Internacional del Funcionamiento de la Discapacidad y de la salud. Madrid: Organización Mundial de la salud; 2001.

 

2. American Occupational Therapy Association. Occupational therapy practice framerwork: Domain and process. American Journal Occupational Therapy. 2014.

 

3. Los niños pequeños con Autismo. Soluciones prácticas para problemas cotidianos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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